El final del sueño que sublevó a los árabes

23/Abr/2013

El País, Uruguay- Que Pasa, Thomas L. Friedman

El final del sueño que sublevó a los árabes

Supongo que ahora es oficial: El término «Primavera Árabe» tiene que ser retirado. No hay nada en marcha que sea similar a la primavera. De igual forma, el más amplio, pero aún vagamente esperanzador, «Despertar Árabe» ya no parece válido, dado todo lo que se ha despertado.
THOMAS L. FRIEDMAN* | ANALISTA INTERNACIONAL
Así que el estratega Anthony Cordesman probablemente está en lo correcto cuando argumenta que es mejor hablar de la «Década Árabe» o del «Cuarto de Siglo Árabe»; un largo periodo de inestabilidad entre estados y entre regiones, en el cual una lucha tanto por el futuro del islam como por el futuro de las naciones árabes individualmente se funden en un «choque dentro de una civilización».
El final está por determinarse. Cuando surgió la Primavera Árabe, la analogía fácil era la caída del Muro de Berlín. Todo parece indicar que la analogía correcta es un suceso diferente, de importancia central en Europa: la Guerra de los 30 Años en el siglo XVII, una horrenda mezcla de conflicto religioso y político que, con el tiempo, produjo un nuevo orden.
Algunos dirán: «Se los dije. Nunca debieron haber abrigado esperanzas por esta Primavera Árabe». Tonterías. Las corruptas autocracias que nos dieron los 50 años anteriores de «estabilidad» sencillamente eran desastres en cámara lenta. Egipto, Túnez, Libia, Yemen y Siria no se están viniendo abajo porque sus líderes fueron derrocados. Sus líderes fueron derrocados porque por muchos años le fallaron a mucha de su gente. La mitad de las mujeres en Egipto aún no sabe leer. Ese es el precio de la estabilidad de los últimos 50 años.
Estas insurrecciones empezaron con búsquedas de dignidad temerarias y auténticas por parte de jóvenes árabes, en pos de las herramientas y la libertad para volver realidad su potencial pleno, en un mundo donde ellos podían ver cómo estaban viviendo los demás. Sin embargo, no acababan de quitarle las tapas a sus sociedades, buscando gobiernos con los pies plantados en la ciudadanía real, cuando descubrieron que estaban compitiendo con otras aspiraciones que fueron expuestas; aspiraciones de ser más islamista, más sectario o de restablecer el status quo anterior.
De cualquier forma, me sorprenden dos cosas. La primera es cuán incompetente ha sido la Hermandad Musulmana. En Egipto, la Hermandad ha presidido una espiral de muerte económica y un poder judicial envuelto en idioteces. Cada vez que la Hermandad tuvo la opción de actuar de una manera incluyente o de tomar más poder, tomó más poder, privándola ahora de la amplia base que hace falta para efectuar reformas que aunque dolorosas, son necesarias.
¿La segunda sorpresa? Cuán débil ha sido la oposición democrática. Muchas de las elites políticas más seculares y pro-Occidente de Egipto que pudieron encabezar nuevos partidos de centro-izquierda fueron «cooptados por el viejo régimen». Eso dejó a un grupo de jóvenes que nunca organizó un partido, o un grupo de expatriados, ex oficiales del régimen, nasseritas e islamitas liberales, cuya única idea compartida es que el viejo régimen debe irse.
Ya desaparecieron las viejas fuentes de estabilidad que mantuvieron unida a esta región. Ninguna potencia exterior con puño de hierro quiere ocupar ya estos países, porque todo lo que ganas actualmente es una deuda. Ningún dictador con puño de hierro puede controlar ya a estos países, porque su gente ha perdido su miedo. Los primeros gobiernos electos -encabezados por la Hermandad Musulmana- tienen ideas equivocadas. Más islam no es la respuesta. Los jóvenes de la oposición democrática aún no tienen líderes que impulsen a su gente en torno a esa visión.
La opción menos mala para Estados Unidos está en hacer uso de su influencia económica para insistir en reglas constitucionales que sean democráticas, elecciones con regularidad y apertura política, así como que haga todo lo que esté en su poder por motivar a líderes moderados de la oposición a que se postulen en busca de cargos públicos. Deberíamos apoyar a cualquiera que quiera poner en marcha el Informe de Desarrollo Humano Árabe y oponernos a cualquiera que no. Esta es la única forma de que estas sociedades puedan dar a luz su única esperanza: una nueva generación de líderes aceptables que puedan asegurar que este «Cuarto de Siglo Árabe» termine mejor de lo que empezó.
*Friedman ganó tres veces el premio Pulitzer, lo que es un mérito grande. Publica dos columnas por semana en el New York Times, lo que tampoco está mal. Autor de varios libros, muchos disponibles en español (entre ellos, El mundo es plano), en sus textos predica una nueva forma de democracia en tiempos globalizados.